mayo 31, 2009

Vivir en el error...

Empiezo a pensar que no hay media toronja...
Disculpen ustedes si arruino el scouting, pero es que últimamente ando de un azul impresionante.
Tengo ganas de llorar y de gritarle a todos los que han hecho de este viaje un soberanísimo desmadre...
Sí, quizá no existe la media toronja... por lo menos para mí...
Ando de wedding planner, y no es la mejor de las ideas cuando uno se siente tan solo...
Detallitos, frases de amor, recuerdos, invitaciones y yo... ¡sola como hongo!
¿Se imaginan lo espantoso que es que la novia le pregunte a uno con quién va a ir a la boda? Yo, que quisiera tener a mi lado a la calamidad presente para esa ocasión, no tengo más que la promesa de que esta semana iremos a comer...
Fuck! Quizá la media toronja no existe para mí... tendré que comprarme 30 gatos y seguir ampliando mi biblioteca... fuck!
... Y yo que me sentía superwoman...

mayo 29, 2009

I miss my stilettos!!!

Si hay algo que me haga sentir una superwoman, es andar por la vida subida en unos stilettos.
Desde ahí, la vida se ve distinta: más clara, menos dura (porque el dolor de pies te evita que te fijes en nimiedades) y más entretenida.
Mis stilettos han sido, durante toda mi existencia, no sólo la materia prima de un producto llamado seducción, sino también una muestra de que soy capaz de soportarlo tooodo.
Desde hace un par de meses, toda mi colección ha quedado archivada, no por gusto, sino por necesidad: una lesión en las rodillas los ha tenido guardados hasta que llegue el día de la cirugía...
Como resultado, cada día me siento menos atractiva...
Ya sé que quizá para muchos será una tontería, y que me dirán que no puedo andar por la vida creyendo que un fetiche así me afecte, que 15 centímetros de aguja no garantizan un buen ligue (eso ya lo sé, nunca ligo... jajajaja!), y cosas por el estilo, pero no saben cuánta falta me hace ver la vida de esa manera.
Los stilettos me han acompañado en todas mis grandes aventuras, me han dado la sensación de ser sexy, de tener las armas para conquistar a cualquier fulanito y, sobre todo, me han enseñado a ver la vida de otra manera y a soportar las adversidades.
"¿Que qué?", me preguntaría un amigo que no hace más que burlarse de mi colección, pero es cierto, con ellos todo es diferente.
Ahora que ando con puros flats y el pie se me va convirtiendo en un tamalito, cuando no pesco ni una gripe y ando más necesitada que nunca de un cambio en mi vida, quisiera tener mis stilettos para ponerle pimienta a mi mundo, y comérmelo...
Por eso, a partir de hoy habrá una cuenta regresiva para regresar a ellos...
So....
Faltan 45 días para volver a acercarme a las estrellas...

mayo 28, 2009

Buenos pensamientos...

Para mis amigas y yo, el mejor lugar para hablar de cualquier cosa es Starbucks. Cualquier día nos pueden encontrar sentadas en una mesita, tomando Chai y Java-Chip, mientras comentamos todo lo que nos pasa: desde nuestros ataques de nervios hasta la mejor movida de la Tierra.
Resulta que hoy, como es de imaginar, tuvimos una de "esas" conversaciones.
Encontraron una mesita en la parte de afuera del Starbucks favorito y se sentaron a ver a la gente, mientras esperaban a que regresara del loquero. Yo, que siempre me pierdo, hice mil horas porque se me ocurrió irme por otro lado y di una vuelta terrible. Para cuando llegué, ya habían repasado todos los chismes y "espiaban" a un conocido que, desde que se cortó el cabello, se ve muuuuuuuuy bien..
En cuanto me senté, con mi Chai en la mano, empezó el armado de nuestro scrapbook del día: si no-sé-quién usa pastillas para rebajar de peso, si fulanita-de-tal no sabe caminar con los tacones padrísimos que usa a diario, si la chica con la que estaba sentado el especimen espiado estaba fea, gorda, si las manos nos gustaban, si las botas, si las uñas, si la nariz, etcétera...
"Es una fuckin' bitch", dijo M, mientras yo pensaba en lo bien que suena esa frase, cuando la dices correctamente... "A ver, ¿qué traes en la bolsa?", agregó cambiando completamente la expresión.
"Cosmo", contesté... y agregué el nombre completo que su hermana mayor le da a la revista "Cosmo-bitch".
De inmediato nos pusimos a hojear los ejemplares, que incluyen los tips para "Aumentar el poder de tu punto G" y tener "Sexo Express", además de que explican por qué hay hombres que besan "como perros, babeándote toda".
Resulta que, según la Biblia, la saliva de los hombres contiene una alto nivel de testosterona, so, ellos inconscientemente besan así porque es una forma de llevarte a la cama...
Ahí empezó la conversación más productiva que he tenido en mucho tiempo...
-¿Cómo besa Otelo?, le pregunté a una de ellas.
-Perfecto... es la mezcla perfecta entre la pasión y el beso así como despacito que me pone loca...
-¿Y la musaraña?, le pregunté a la otra.
-Despacito, como sexy, como si me quisiera comer..., me contestó.
-Ah, dije yo...
-¿Y tú, cómo besaba aquel?, me preguntó M refiriéndose a una calamidad medio demente que tuve.
-Puff... siempre era así como de makin'out... todo el tiempo... Como que no ubica que a veces uno tiene ganasd de unos besitos lindos.
-¿Y la calamidad prohibida?, me preguntó la otra.
-Él besa bien, como de 'te arranco la ropa' a-ho-ri-ta.
-Oz no besa tan bien, pero toca muy rico, contó ella misma...
-Igual la calamidad guitarrista, añadí yo. Podía besarlo sólo por la forma en que me tomaba la cara.
-Ay, dijo M, como el guerrillero, que besaba rico y tocaba rico...
-Yo, la verdad amiga, creo que él todo lo hace rico..., le dije roja como tomate.
-Sí, me contestó ella. Todo lo hace rico...
Entonces empezamos una conversación que nos provocó calor a todas y que nos hizo quedarnos pensando mil cosas que no podemos hacer.
-Quiero sexo... dijo I, a quien secundé.
-Yo también, dijo M, e inmediatamente fue interrumpida por la otra: "Ay, cállate, que tú sí tienes con quién".
Y seguimos hablando, mientras aceptaba que era cierto, que tiene con quién y que no debe quejarse.
-Deberíamos buscar con quién, le dije yo a I, mientras repasábamos en nuestras mentecitas calenturientas a todos los hombres de nuestra vida.
-A quién le llamarías sólo para decirle "quiero sexo", me preguntó I.
-Así como para decirle "quiero sexo", a nadie. Bueno, quizá a la calamidad presente...
-Deberíamos..., me dijo.
-Sí, deberíamos ya irnos, comentó M con las mejillas rojas de tanta imaginación.
Las tres nos levantamos de ahí y nos fuimos caminando hacia el sitio donde siempre nos despedimos. Durante todo el camino seguí pensando en la calamidad presente y decidí llamarle. Obvio, no le dije que quería sexo, pero sí le pregunté cómo estaba.

mayo 27, 2009

Bien-intencionada

La calamidad innombrable anduvo de fiesta. Resulta que ayer, el fulanito cumplió años y yo, como buena amiga, organicé a las mías para que le compráramos el libro que llevaba meses anhelando...
Ya sé, ya sé, que voy a tener que descartar la meditación trascendental de Mafalda, pero qué hacer.
Cuando uno vivió tantas y tantas cosas con una calamidad, cuando guardó por años la esperanza de -por lo menos- volver a ser amigos, cuando imaginó alguna vez toda la vida a su lado, y las imágenes de la película que uno trae en la cabeza tenían su cara, lo menos que puede hacer uno es portarse como gente civilizada, aconchabarse a las amigas y echarle la culpa a los nervios cuando uno empiece a llorar de nostalgia...

mayo 26, 2009

Bibidi-babidi-bum!

Hay calamidades prohibidas a las que uno, de plano, ni debería entrarle...
Yo, como no soy normal, le entro.
Resulta que hubo una vez una calamidad prohibida que cualquiera diría que, por donde la viera, debía estar vetada. La calamidad en cuestión es uno de esos hombres de esos que me gustan de repente y que no quisiera tener para mí solita: con cabecita Chippendale, besos de calentura influenciosa, manos suaves, edad como para que sepa qué hace y qué no... en fin, un súper especímen para coleccionar.
El fulanito dividía las noches y los días entre Hillary y yo, y no me importaba mayor cosa... bueno, quízá sólo cuando me decía que me amaba...
Solía decirlo por las noches, cuando su voz se podía quedar retumbando en mi pecho. Entonces le decía que no se fuera, que no la tocara, que no la tuviera...
Obvio, me arrepentía después (después de todo, ¿quién era yo, que no quería tenerlo para mí solita, para decirle cuándo sí y cuándo no?)...
La calamidad prohibida y yo tuvimos un romance fugaz, de esos que pintan para novela erótica y que hacen suspirar a las locas como yo, a las que les entusiasma la aventura.
En el romance nos compartimos todo (menos la cama), hasta que se le ocurrió decir "te amo" y empezar a hablar de casa, niños, perros, gatos, pericos, bibliotecas, camionetas y hasta funerales...
Y ahí torció el rabo la marrana... Cuando al fulanito se le ocurrió que era "buena idea" andar por el mundo diciendo "para siempre", inmediatamente me petrifiqué... me volví sorda, ciega, muda, manca y frígida... ni un beso más quise darle, ni una caricia, ni una promesa: NADA...
No quise verle más, y él no volvió a buscarme...
Desde entonces huía de mí, me sacaba la vuelta y caminaba rápido... hasta hoy.
La calamidad y yo tuvimos un encuentro en las escaleras que hizo que mis amigas se pusieran rojas, siguieran de frente y me hicieran burla todo el día.
"Te desapareciste...", me susurró al oído luego de abrazarme, "no me volviste a contestar las llamadas, ni los mails, ni nada".
Obvio, yo nunca recibí una llamada, una mail o un mensaje de humo y, obvio, a mí no me importó. Claro, le contesté con voz de gatito ronroneante que jamás había recibido nada, y me dejé querer por un momento, mientras recuperaba el control de la situación.
"Te he extrañado", me dijo. "¿Puedo volver a llamarte?", susurró sin soltarme.
-Llámame -le dije yo en el oído, zafándome de sus brazos-... Llámame y vemos...
Desde entonces, dicen mis amigas que traigo una sonrisa perversa que les dice "recuperé el control". Yo, que no creo en lo de "perversa", sí ando viendo cómo, cuándo y dónde, me aviento un viajecín al mundo de la novela, a ver que nueva historia me sale de ahí...

mayo 22, 2009

Mira cómo tiemblo...

Cuando tiembla, generalmente no lo siento...
La mayor parte de las veces lo confundo con el mareo normal producido por mi ingesta casi nula de azúcar, y la otra parte ni siquiera me entero de que a la Tierra le dio por movernos el tapete para ver si nos ponemos en orden.
Esta vez no fue la excepción: pensé que estaba mareada y me quedé sentada, tomándome mi chai en Starbucks, hasta que les vi cara de susto a M e I, mis amigas.
"Está temblando", dijo una chica a mis espaldas, con la voz entrecortada.
Yo, que no soy miedosa con eso de los temblores (porque luego me dan a mí y ya estoy acostumbrada), me di tiempo para darle la vuelta a la mesa, tomar la bolsa y sacar el celular, sin recordar siquiera que estaba sentada en el mismo sitio donde hace 24 años se cayó un hotel.
Cuando salí del edificio, cinco pasos después de M e I, seguía temblando...
Justo frente a mí, mis ojos hallaron el monumento a la solidaridad, que fue levantado tras el sismo del 85... Entonces sí me cayó el veinte, "lo que acaba de pasar es algo serio, van dos temblores en un mes"... y me puse a tratar de llamar a quienes amo, para saber si estaban bien y para informarles que yo lo estaba. Obvio, no pude... la red estaba saturada (aún ahora sigue estándolo y mi adorado celular me repite una y otra vez "sólo llamadas de emergencia").
Ahora, como el Internet maravilloso sí funciona, puedo anunciar dichosa, que sigo viva, que no se me cayó un edificio encima... Entonces, señoras y señores, dense por enterados... y esperemos la réplica.

mayo 20, 2009

Veni, vidi, vici

"Compré Historias de Cronopios y de Famas sólo porque me acordé de ti... Te quiero, besos", fue el mensaje con el que la calamidad presente hizo su aparición triunfal, tras varias semanas de ausencia.
Yo, que acababa de pasar una crisis de ansiedad que me tuvo llorando más de hora y media y es la causante de que ahora ande más bruta que de costumbre por las pastillitas milagrosas que me tengo que tomar para alcanzar el estado zen, me levanté del sillón más por disciplina que por gusto para tomar mi adorado celular.
"LB", decía un recuadrito tintineante que anunciaba la aparición (en otros momentos quizá hubiera hecho un comentario de limón real, pero mi ánimo no estaba para andar jugando con apariciones).
Luego de luchar unos segunditos con mis dedos, que aún no dejan de temblar, pude por fin ver el mensaje...
"Compré Historias de Cronopios y de Famas sólo porque me acordé de ti... Te quiero, besos"
Así, sin más...
En un principio, mis dedos torpes empezaron a redactar la respuesta: "Sé que lo disfrutarás, te quiero...", pero entonces, algo pasó en mi mente, aún trastocada, y decidí que no le respondería, que si él puede ausentarse así por semanas, yo puedo, fácilmente, no contestarle un mensaje.
Como es de imaginar, la aparición fue como la del cometa Halley... vino, lo vi y se fue, porque desde entonces, nada...
So, si un día muero, dejaré en mi testamento que alguien conteste ese mensaje con un: "Bien, ojalá le hubieras llamado para contarle... la hubieras escuchado".

mayo 15, 2009

Ya lo pasado, pasado...

(Una calamidad pasada que terminó siendo mi gran amigo y yo, platicando por messenger después de varios años de no saber nada del otro)
CP- ¿Y qué ha sido de tu vida sentimental?, ¿ya te casaste?
Y- ¡Ay, no, cómo se te ocurre! Estoy solterísima...
CP- ¿Cómo?, la niña más popular está solita... no lo puedo creer...
Y- Créelo...
CP- No, es que no puede ser, eras súper popular...
Y- Tú lo has dicho, era...
PD de servicio a la comunidad: Si alguien sabe algo de la calamidad presente, por favor repórtelo. Está perdido...

mayo 14, 2009

Archivo muerto

A veces uno se inspira y se siente administradora en tiempos de inventario... y pues sí, señoras y señores, hoy amanecí con ese espíritu taaaaaaaaaaaaaaan adorable que nos decir mil veces "ya", "ya", "ya", mientras ponemos expedientes emocionales en el archivero etiquetado como "verdaderos imbéciles".
Resulta que yo, que soy como los pájaros (mi abue dixit, -por aquello de andar brincando de un lado al otro-), tengo una lista de expedientes especialmente encantadora que me deja la tortura de un dolor de cabeza de proporciones inimaginables, pues cada vez que tomo el expediente del imbécil en turno, lo acuno como si de mi primogénito se tratara, sólo para poder recordar qué había pasado y aventarlo en el archivero sin piedad.
No puedo negar que me gustaría muchísimo que la labor esta del archivo se diera fuera de mi cabeza y les pudiera aventar el expediente, los platos de la vajilla y los tacones que no me puedo poner, pero una partecita de mí se regocija con esta tarea, sólo por el hecho de saber que, gracias al Dios verdadero, al de los zapatos altos, al de las mujeres-pájaro y al que le rezan las mamás de esos chicuelos, yo NO terminé mis días con semejantes esperpentos emocionales.
Pero bueno... Una vez que amanecí con el espíritu de 'inventariadorista' que les digo, empecé por archivar los más sencillitos, es decir, los que ni se aventaron porque.... son unos ¡verdaderos imbéciles!, of course...
Ay, estos animalitos del señor.... son taaaaaaaaaan tarados, que la verdad es que sus expedientes ni los aviento.
De se fajo, hay los que me traían peor que 'cacheteando la banqueta' y pensaban que a mí ni me gustaban (si les digo, ternuritassss...); luego vienen los que querían y nunca se aventaron porque decían que yo era como la canción de Luismi, "Qué nivel de mujer" (esos me dan más ternura, porque me suben el ego al top -hasta que me entero que andan con cualquier brutecita-piernaslargas y entonces me dan como urticaria-).
Luego, viene mi categoría favorita, la de los pobrecitos que aseguran que les doy miedo (sí, les explico que, si muerdo, es nomás porque me gusta... pero no hacen caso y siguen temblando). Y, por último, están los desesperados que creen que esto es como las enchiladas de Vips, que en cinco minutitos ya hasta gratinadas están, y se van sin más (esos, la verdad, es que a veces sí los aviento, pero nomás porque me producen arcadas).
Total que ya todo estaba arregladito para que cerrara mi archivito maravilloso por esa tarde, cuando....
-Chsst, chsst... no me olvides, me dijo una carpetita chiquitita.
¡Claro!, si es la del imbécil del inglés. Resulta, señoras y señores, que hace un tiempecín esta dulce damisela en peligro (juar, juar, juar) estaba estudiando inglishhh, y conoció a un sujeto de muy-buen-ver ('y mejor tocar', diría mi amá) que, tras un mes de coqueteo pre-charla introductoria, por fin se decidió a caminar los 30 pasos que nos separaban y se sentó a platicar conmigo.
-Hola, soy fulanito y bla, bla, bla...
Después de una conversación nada emocionante, el sujeto en cuestión preguntó lo que toda damisela en peligro quiere escuchar de un prospectazo: "Y.... ¿tienes novio?".
"Of course que no, my dear, no estaría aquí", pensé en mis adentros, mientras moví mi cabecita.
La siguiente pregunta fue: "Y... ¿qué pides para que un hombre sea digno de ti?"... y entonces.....
.....
....
Que tuerce el rabo la marrana, porque me fui como hilito de media diciéndole que si quería esto, y esto otro, y lo de allá, y bla, bla bla, y güiri-güi y no-sé-qué...
Resulta que el pobrecillo animalito del señor se aventó todo mi discurso, mientars la carita se le iba descomponiendo...
-Y... ¿de eso no hay algo negociable?, me preguntó el incauto...
-¡Claro que sí!, contesté rapidísimo... El helicóptero, los millones de Slim y las pompas de Eric Bana, le contesté atacada de la risa, esperando que lo tomara con filosofía.
Pero no... la respuesta del fulanito a mi chascarrillo fue: "Uffff, ahora entiendo por qué no tienes novio".
Como imaginan, se ganó la etiqueta del imbécil de oro, y sí, el episodio de hoy en la archivada no fue un descuido, sino el resultado de una decisión trascendental, de ponerle un marco doradito para recordarlo siempre que me dé por andar llorando por toronjas ajenas...
Ni modo, eso pasa cuando una anda de scouting... se encuentra con cada especímen...

mayo 06, 2009

Claridad


(La calamidad en turno y yo, fuera de la casa)

CeT- (mientras besa alternadamente las comisuras de mis labios) Te quiero... te quiero... te quiero... te quiero... te quiero... te quiero... te quiero... te quiero... te quiero...
¿No te es suficiente?
Y- No, quiero que me digas cómo...

mayo 04, 2009

Bye bye metafísica... Hello meditación trascendental...

Una calamidad pasada innombrable me mandó un artículo de El País.
Yo, como bruta, lo leí en cuanto vi su nombrecito -antes adorado y hoy ya ni sé- en el mensaje que me avisaba que el muy bruto había decidido que se acordaba de mi existencia.
So, luego de leer "uno de los mejores artículos que he leído sobre la influenza", le llamé a su celular que -antes- siempre contesta-ba-, para chismear el texto remitido y las nuevas acciones post-epidemia (ja... todavía no se termina y ya le pongo post... ja).
Resultado: no contestó...
La calamidad en cuestión estuvo metida en mi vida por un muuuuuuuuuuuuuuy buen rato. La última vez que le rogué que me perdonara (ajá, leíste bien, ¡le rogué!), me dijo que "las cosas pasaron de una forma y no pienso volverme a ariesgar". So, decidí que lo iba a olvidar como viejita con Alzheimer, y que nunca, nunca, nunca, nunca más, iba a caer ante una de sus jugarretas.
"Se me va a olvidar hasta su nombre", decreté yo muy creyente de la metafísica ante toooooooooooodas mis amigas (que la verdad es que no son tantas, pero son a toda maisss).
Lo peor no fue el decreto famoso que a mis amigas les dio una risa increíble, que sólo se aguantaron por los lagrimones que me rodaban por las mejillas... Lo peor fue que ¡me lo creí!
Hoy, después de haber apretado desesperada el botoncito de mi celular que -aún- tiene su número entre los de marcado fijo, reconozco que la metafísica no existe, no funciona y no le haré caso de nuevo...
A partir de hoy, pura meditación trascendental como la de Mafalda y la sopa: "no hay calamidad innombrable, no hay calamidad innombrable, no hay calamidad innombrable"...

mayo 03, 2009

Verdades vergonzosas...

La calamidad en turno anda desaparecido... Supongo que cualquiera en mi lugar ya hubiera dejado de pensar en él y se hubiera planteado una conquista de emergencia, pero yo no...
Dejar ir una calamidad (que, por cierto, en realidad me gusta más de lo que debería) no es lo mío.
Resulta, my dear, que cuando un hombre se me mete entre la cabeza y las rodillas, no hay santo que me lo quite de ahí, hasta que demuestre ser más imbécil de lo que lo creí. Una vez traje atorada una calamidad como por cinco años, tons ya se imaginan...
Pero bueno, yo sé que todos se preguntan por qué debería (según dicen los manuales de sanidad mental) mandarlo a "ondear changos de la cola" -as my mummy says-...
Sencillo: porque la calamidad va y viene besuqueándome a su antojo, sin saberme decir qué es lo que quiere... Sí, ya sé, aquí la tarada soy yo, y no él, pero es que cuando reviso sus razones para no saber cómo quererme, de verdad me parecen lógicas y razonables...
Resulta que, cada vez que algo verdaderamente me molesta de su actitud de ciego perdido, el chip de amiga que traigo integrado me dice que, la neta, la neta, la neta, la neta, yo estaría haciendo lo mismo...
Así pues, cada vez que quiero mandarlo al diablo, la buena amiga que vive en mi cabeza me grita "Plisssssssssssssssssssssssss... entiéndelo"...
Y ahí voy, a entenderlo y dejar que se desaparezca otra vez, que regrese otra vez, me besuquee otra vez, se vuelva a ir otra vez, y me deje esperándolo como idiota ¡OTRA VEZ!
Y... en esas estoy ahorita, esperando que regrese, como el cometa Haley... Total, no tengo otra conquista en puerta (qué imbécil soné... ora sí me pasé...)
So, si ustedes son de los que piensan que ya debería dejar atrás a mi calamidad en turno y dejar de pensar en la forma correcta de comprenderlo, les mandaré a mi buena amiga para que les diga "Plissssssssssssssssssssssssss... entiéndela...." (aunque creo que la muy mula agregará algo como: "está pendeja").

Viejos conocidos...

La calamidad en turno ha sido mi amigo por más tiempo del que quisiera reconocer.
Es mi segunda relación más consistente, pues me sigue gustando a pesar de todos los defectos que le he encontrado a lo largo de ¿seis años?
Una noche de este enero, llamó y me dijo que quería verme.
Pasó por mí y fuimos al Starbucks más lejano que se encontró.
"Necesito hablar contigo", me dijo muy serio, intentando mantener la vista fija en el camino.
-Ja!, por fin te diste cuenta de que soy la mujer de tu vida y que no puedes estar un segundo más sin mí...
-¿Te parece si hablamos cuando lleguemos?
¡Horror!, la incertidumbre me mata y, como buena novelista encerrada en el cuerpo de una loca, no pude hacer más que pensar en el millón de posibles temas que querría tratar.
"Está enojado conmigo, ¿qué le hice?, no, ya sé, piensa que el beso de navidad no fue una buena idea... sí, seguro es eso... y me va a contar de su nueva conquista, sí, sí, segurito...", decía la mujercita masoquista que vive en mi mente, mientras yo seguía contándole cosas insignificantes.
Por fin llegamos al cafecín y, después de dos horas de conversaciones acerca de la profesión que compartimos, del éxito y la ambición, por fin tocó el tema.
-Te dije que necesitaba hablar contigo...
Y se arrancó con un monólogo que duró como 25 minutos y del que sólo recuerdo la frase "¿te gustaría que saliéramos, que intentáramos algo?"
¡Que qué!
La masoquistita de mi mente empezó a golpear su cabecita diminuta contra las paredes de mi cabeza y no me dejó concentrarme... So, lo único que pude hacer fue aventarme un rollo igual de largo, del que supongo que él sólo recuerda cuando dije "... y podemos ver qué pasa"...
Desde entonces ha pasado mucho, pero ya les iré contando... es una larga historia.

mayo 02, 2009

Vámonos de scouting!!!

No soy capaz de tener una relación estable... No, al menos, como se esperaría que la gente normal las tenga.
Resulta que a mí me gusta caminar por la cuerda floja, andar buscando el equilibrio en medio del vértigo... andar viendo a quién le tengo que arrebatar el poder, y cuándo.
Si un hombre me lo da rapitido y sin preguntas, me aburro...
Resulta, además, que soy como los gatos: quiero que me quieran, nomás cuando yo quiero...
Si me hacen cariñitos de más: bye, bye...
Si me hacen de menos: ahí me tienen, buscando que me acaricien otro rato...
Pero no se crean, no se trata nada más de que me traigan arrastrando la cobija, no. Se trata de que mi calamidad en turno tenga, además de una cabecita amueblada al más puro estilo Chippendale, una bolita de cristal para estarme adivinando cuándo quiero ser princesa de cuentos de hadas y cuándo no; que me traten con una sutil rudeza que me haga sentir que, de un momento a otro, querrá arrancarme la ropa, para luego pedirme perdón por su atrevimiento...
Ya así, entenderán que no ha sido sencillito esto de encontrar a la mitad de mi toronja (porque la naranja, ni me gusta ni me cae...), tons, he decidido hacer una bitácora de este scouting, para, por lo menos, hacerlo divertido...
So, quedan invitados a viajar conmigo para ver qué hallamos... y, cuando la búsqueda ande medio floja, pues le damos chancecín a las calamidades pasadas para que cuenten su historia antes de que se pierdan entre el polvo de mi corazón desmemoriado...
Venga, ¡emprendamos el viaje!