octubre 02, 2016

Dos

Me veo claramente. 
Mis ojos fijos en tu mano acercándose lentamente a la mía.
Siento de nuevo del temblor de mi vientre, el sol de la tarde, el calor de mis mejillas...
Puedo volver a ese instante en que por primera vez tomaste mi mano y sentir a mil mariposas revolotear en mi pecho.
Puedo sentir la emoción de lo desconocido, el miedo de ser vistos, el deseo palpitante de que dijeras algo.
Puedo ir ahí, cerrar los ojos y llegar a ese primer momento en el que por primera vez quise estar contigo. Puedo ir... como fui mil veces en estos años, buscando un poco de magia en medio del desierto.
Puedo ir, 17 años después, y decir que sí,  que entonces ya sabía, que era ahí donde quería vivir.